Segunda parte: La literatura del manierismo
1.1 Contexto Histórico
El Manierismo fue un estilo esencialmente italiano, y siempre que lo encontramos fuera de Italia representa la adopción de modelos italianos. El estilo nació en Roma hacia 1520, se propagó por el centro de la península y el valle del Po y se consolidó en extensas regiones en torno a la década de los treinta. En pintura y escultura este proceso alcanza su mayor impulso en la Roma de los años que median entre 1520 y el catastrófico Saco de 1527.
Con Rafael muerto y Miguel Ángel en Florencia, la situación en Roma quedó en manos de un grupo de jóvenes artistas de gran talento. La precipitada evolución del Manierismo depende de este accidente histórico que motivó la concentración de mentes brillantes en un mismo lugar. Todos compartían los mismos patronos, encargos y hasta los grabadores, por eso es muy difícil separar las aportaciones individuales de la espesa red de influencias recíprocas.
El Manierismo no era un arte exclusivamente cortesano. En realidad se trataba de un arte para entendidos, lo que ocurre es que, normalmente, los primeros coincidían con los segundos. De hecho, los centros cortesanos se transformaron en núcleos artísticos tan importantes como Roma y Florencia, tal es el caso de las ciudades de Mantua, Fontainebleau, Munich o Praga.
1.2 Concepto de literatura
El Manierismo fue una de las principales tendencias artísticas del siglo XVI. El término deriva de la palabra maniera, que, en el contexto de la época, significaba ‘estilo’. En aquel tiempo, se consideraba que los maestros del Alto Renacimiento, Leonardo da Vinci, Rafael y Miguel Ángel, marcaban con sus obras el punto de mayor esplendor. Sus seguidores se proponían imitar el estilo de estos artistas, quienes habían alcanzado la perfección en la pintura y la escultura. Sin embargo, sobre la base de esos logros, se produjeron una serie de transformaciones estéticas motivadas por la búsqueda de estilos personales, por lo que la subjetividad del artista se superpuso a los ideales acuñados durante el Renacimiento. En este sentido, el lenguaje visual se renovó: comenzó a dar cuenta de nuevas inquietudes e intereses, vinculados con una clientela refinada y erudita.
Dentro de la arquitectura manierista los edificios no siguen una línea de composición, por ende, aunque se multiplicaron los elementos arquitectónicos para realizar las construcciones, estas no cumplían con una función arquitectónica. De esta forma, la carga pierde su peso, las estructuras verticales asumen dimensiones excesivas y crean un conjunto inquietante de equilibrio “oscilante”. Ahora, en cuanto a la decoración, es cierto que asumió una gran importancia todo lo grotesco, con aspecto fuerte y de grandes dimensiones. Las esculturas y pinturas manieristas se caracterizan por su artificialidad. Es decir, no hay una similitud exacta entre el modelo que se representará y la obra. Su estilo tiende a irse por exagerar el modelo original.

que bonito blog, hay mucha información muy interesante todo esta bien explicado
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